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PIE DE RIESGO

Este término define al pie que, debido a sus características presenta una elevada probabilidad de presentar ulceraciones y las consiguientes complicaciones.
Los factores que definen este pie de riesgo son:
– Síntomas y/o signos de neuropatía: sensación de quemazón en las plantas de los pies, hormigueo, calambres, sensación de andar sobre algodón… Dolor en reposo y predominantemente nocturno que se alivia al poner los pies en el suelo y andar. Hiperqueratosis, aparición de grietas.
– Síntomas y/o signos de vasculopatías: sensación de frialdad en los pies, dolor en reposo predominantemente nocturno, que no se alivia al andar pero si al dejar colgando la pierna fuera de la cama. Piel fina y brillante, ausencia de pulso arterial.
– Antecedentes de úlcera o amputación.
– Microalbuminuria y/o insuficiencia renal.
– Disminución de la agudeza visual (cataratas y retinopatía diabética), que impiden el autocuidado del pie y la detección precoz del ulceraciones.
– Trastornos ortopédicos (dedos en martillo, superposición de dedos…).
– Edad avanzada.
– Alcoholismo.
– Nivel socioeconómico bajo.
– Aislamiento social.
– Larga duración de la diabetes (>10 años).
– Actitudes psicológicas de negativismo.
– Incapacidad de flexión para verse adecuadamente los pies.
– Higiene deficiente de los pies.

Pie diabetico ulcerado

Las úlceras que aparecen en los pies de riesgo pueden ser neuropáticas y/o vasculares, siendo las más frecuentes las primeras también conocidas como mal perforante plantar.
Estas lesiones van pasando por diferentes fases de agravamiento hasta poder llegar a la amputación del miembro debido a la gangrena.

PREVENCIÓN
a) Detectar precozmente el paciente con pie de riesgo. 
Es aconsejable realizar una vez al año en todos los pacientes diabéticos, evaluaciones de higiene, de autocuidado de los pies y el calzado.
Si el pie de riesgo ya ha sido detectado, se procederá a la exploración de los pies y valoración del autocuidado de los mismos cada 3 meses.
b) Educación sanitaria.
Es imprescindible su desarrollo en los pacientes diabéticos.
En el caso de diabéticos que no presentan un pie de riesgo las instrucciones son generales sobre el cuidado de los pies y el uso de calzado adecuado.
Para los pacientes con pie de riesgo los consejos deben ser más específicos. En cuanto a la higiene de los pies se aconseja:
– Inspeccionarse cada día los pies con ayuda de un espejo o de otra persona si es necesario.
– Lavarse los pies cada día con agua tibia y jabón neutro.
– Secarse los pies cuidadosamente, sobre todo entre los dedos.
– Aplicarse crema hidratante en los talones si hay sequedad, nunca entre los dedos.
– Utilizar polvos de talco si existe exceso de sudoración.
– Acudir periódicamente al podólogo.
– Usar calcetines de algodón, lana o hilo sin gomas que opriman y cambiarlos diariamente.
– Vigilar que no haya ningún objeto en el zapato que pueda dañar el pie.
– Llevar calzado amplio, cómodo, de piel, sin costuras internas, con tacón amplio…
Además, deben evitar andar descalzos, usar desinfectantes, cortarse las uñas (deben limárselas), aproximar los pies a fuentes de calor, etc. Es aconsejable que estas personas reciban una formación individualizada y esmerada por parte del médico especialista.
c) Diagnóstico precoz y asistencia rápida y correcta de cualquier lesión
Remitiendo al paciente a la más mínima complicación a un centro especializado.


Pie diabético

Las personas con diabetes son muy propensas a presentar lesiones en los pies, este hecho es además, una de las principales causas de morbimortalidad en estos pacientes.
Las complicaciones del pie diabético se encuentran en la posible descompensación tisular que puede producirse en el pie y la pierna que desembocará en infección, morbilidad y posible amputación.
Toda esta cadena de fenómenos no aparece de manera repentina, por lo que se puede prevenir con la sistemática observación de los pies y el cuidado de los mismos.
Son muchas las causas de aparición de lesiones en el pie, por un lado existen unosfactores determinantes de riesgo de padecer el pié diabético y por otro lado unosfactores desencadenantes que constituyen la causa inmediata de lesión. Gracias a los primeros, los profesionales médicos pueden determinar los métodos de prevención en las personas con riesgo.
Los factores determinantes son la neuropatía, la isquemia y la infección.
La neuropatía es una herida o úlcera en principio leve, pero que puede desembocar en una herida grave con infección. Estas lesiones se deben a que el enfermo diabético a tener alteradas las fibras nerviosas sensitivas presenta una disminución de la sensación de dolor, y no es consciente de roces del calzado, lesiones punzantes…
La isquemia es la deficiencia de sangre en un tejido, por constricción funcional o por obstrucción real de un vaso sanguíneo.
La infección, aunque no interviene en la formación de la úlcera, si es fundamental en el mantenimiento de la misma. Los diabéticos tienen mayor posibilidad de infección debido a:
– La ausencia de dolor.
– La hiperglucemia que disminuye las defensas del organismo al inhibir la fagocitosis.
– La isquemia, que obstaculiza la irrigación del tejido y el aporte de oxígeno.
Los factores desencadenantes, es decir, las principales causas de lesión en el pie diabético son varias, la más frecuente es el uso de calzado inadecuado. Por otro lado, aunque en menor medida influyen la realización de una pedicura incorrecta, las lesiones térmicas y los traumatismos punzantes producidos por un cuerpo extraño. Además, muchos de estos pacientes presentan alguna deformación en el pie, que es causa directa de lesión.


El zinc en la diabetes mellitus

El zinc es un nutriente esencial que se precisa en cantidades muy pequeñas. La carencia de zinc produce lesiones en la piel, así como retraso en la cicatrización de las heridas. Un déficit crónico puede llegar a ocasionar defectos en el crecimiento. Investigaciones recientes han relacionado la deficiencia de zinc con la demencia senil.
Una persona adulta contiene en su cuerpo aproximadamente 2 g de zinc localizados en músculo, hígado y próstata.
Las fuentes naturales más importantes de zinc son las carnes, seguidas del pescado y los huevos. Los cereales integrales y las legumbres también contienen este nutriente.
Diversos autores han estudiado algunos aspectos relacionados con el zinc:
– La adecuación de las guías dietéticas sobre el zinc.
– La prevalencia de la deficiencia de zinc entre las personas con diabetes.
– La valoración del estado del zinc.
– Las manifestaciones de las deficiencias de zinc que pueden afectar a las personas con diabetes y
– La seguridad de los suplementos de zinc.
Algunos diabéticos presentan mayor riesgo de padecer deficiencia de zinc. Entre las causas de este déficit caben destacar:
– la pérdida excesiva de este mineral a través de la orina
– y la disminución de la capacidad de absorción intestinal de zinc, especialmente en las personas mayores.
La principal causa de la baja ingesta dietética de este micronutriente es la elección de alimentos con poco zinc biodisponible (cantidad de zinc que absorbe y utiliza el organismo). Además, los profesionales sanitarios recomiendan reducir la ingesta de grasas saturadas, con el fin de prevenir enfermedades cardiovasculares.
Esto conduce a disminuir la ingesta de las carnes rojas en favor de las carnes blancas y de las legumbres. Tampoco debemos olvidar que la fibra y fitatos .disminuyen la absorción de zinc. Los fitatos son compuestos que se unen al zinc e inhiben su absorción.
Algunas situaciones especiales pueden ser la causas de deficiencias de zinc. Este hecho tiene una gran importancia clínica, ya que la deficiencia de este mineral pudiera prevenirse.
Conocemos los alimentos que contienen zinc.
Por lo que para prevenir la deficiencia en zinc se recomienda consumir los alimentos ricos en este mineral y evitar tomarlos junto con aquellos que reducen su absorción (alimentos ricos en fibra dietética), sin necesidad de recurrir a suplementos

Una Verdadera Hemorragia traumática

Prácticamente, no hay ningún traumatismo en que no se produzca hemorragia, de mayor o menor gravedad. Desde las ligeras extravasaciones o equimosis, que existen en las contusiones de primer grado, hasta las graves hemorragias internas de las contusiones de tercer grado, pasando por la gran variedad de las hemorragias posibles en las heridas.
Por tanto, y ya desde un principio, distinguiremos la hemorragia interna de la externa, en que vemos salir la sangre al exterior. En la primera, aparentemente no hay salida de sangre de los vasos, pero en realidad se produce en las cavidades del organismo, constituyendo casos de extrema gravedad. Ejemplo de hemorragias internas son las que ocurren en las contusiones abdominales importantes, en que puede haber roturas de órganos muy vascularizados, tales como el hígado, el bazo, o el riñón, que obligan a rápidas intervenciones quirúrgicas si se quiere salvar la vida del enfermo.
Hay circunstancias que favorecen la aparición de tales hemorragias internas, tales como la existencia de alteraciones importantes en los mecanismos de coagulación de la sangre, cuyo ejemplo más típico es la hemofilia. Igualmente, enfermedades ya existentes, tales como el paludismo crónico, que afecta al bazo, enormemente aumentado de tamaño y de extrema fragilidad en esta enfermedad, hacen temible una mínima contusión a su nivel, por la rotura del órgano y consecutiva y gravísima hemorragia interna. El hígado es otro de los órganos abdominales que pueden romperse con más facilidad en determinadas enfermedades, o incluso sano, si la fuerza del traumatismo es lo bastante intensa; lo mismo podemos decir del riñón.
Otro tipo de hemorragias internas, que aún no ha sido lo suficientemente valorado por el público ni incluso por los médicos, es el producido en algunos tipos de fracturas.
Pero las típicas hemorragias traumáticas son las que se exteriorizan a través de las heridas.
Las hay que son casi inmediatamente mortales, como las causadas por la lesión de la aorta o de los grandes vasos cardíacos del cuello y de los miembros.
 Las hemorragias arteriales se caracterizan por la gran cantidad de sangre vertida, su color rojo vivo y su salida a oleadas en sincronismo con el pulso. Su gravedad está en relación directa, según se ha dicho, con el calibre del vaso afectado por la herida.
Las hemorragias graves, de no causar la muerte, nos ofrecen el conocido cuadro clínico de la anemia aguda, que se distingue por la palidez marmórea del herido, la rapidez del pulso o taquicardia, la frialdad de las extremidades, el sudor frío, el descenso de la presión arterial y de la temperatura corporal o hipotermia, la sed insaciable. Basta la cohibición de la hemorragia y la reposición de la sangre perdida mediante una o varias transfusiones, para que esto cese.
Las hemorragias venosas son más frecuentes que las arteriales debido a la situación superficial de muchas de las venas y porque su pared es más delicada que la de las arterias. Si la herida es abierta al exterior, la sangre venosa sale como babeando y presenta un color rojo oscuro. Las heridas de los grandes vasos del cuello o de las extremidades pueden dar lugar a la muerte rápidamente.
 La embolia gaseosa. Esto puede ocurrir en las heridas de las venas del cuello o axila, en que la presión negativa del tórax, en cada inspiración, favorece la entrada del aire. Si la cantidad de aire que llega a penetrar es bastante grande, aparece la temida embolia gaseosa.
Tratamiento. Consiste fundamentalmente en la detención de la salida de la sangre. En el caso de heridas arteriales o venosas de los miembros la solución de urgencia es la aplicación de un torniquete o ligadura exterior entre el corazón y el vaso afectado. El torniquete ha de estar lo suficientemente apretado para impedir que siga saliendo sangre, cosa que a veces no puede evitarse, pues la simple compresión basta para detener la sangre venosa, pero no la arterial.
Debe colocarse además una sustancia blanda para evitar lesiones secundarias de los vasos, que se harían irreversibles después de un cierto tiempo. Si por cualquier circunstancia la asistencia médica se retrasa, se hale necesario aflojar el torniquete periódicamente -cada hora u hora y media como máximo- para permitir que llegue la sangre a las regiones situadas debajo del mismo.
En los casos en que por la situación de la herida, o por falta de medios, no pueda colocarse el torniquete, no hay más solución que la compresión con los dedos del punto  inmediatamente superior al que sangra, en las heridas del cuello, comprimiendo la carótida contra las vértebras del cuello; en la axila, hundiendo los dedos por encima de la clavícula; en el muslo, apretando la arteria femoral, cuyo latido se
percibe perfectamente, por encima de la lesión; en la pierna, apretando digitalmente en la parte posterior de la rodilla o hueco poplíteo, etc.
El tratamiento definitivo se aplicará en un centro médico y consistirá en la ligadura de uno o varios vasos, o bien en la sutura de los mismos, o en la colocación de un injerto de materia plástica, como el llamado teflón, o de un injerto formado con un trozo de vena.
A continuación se practicarán las transfusiones adecuadas necesarias para la restitución del volumen de sangre perdida, para que esto permita superar eficientemente  la gran complicación de los traumatismos o el llamado shock traumático.

Haga Ejercicios y Perderá Peso

ejerciciosCambiar el hábito de comer puede ser complicado, pero aún lo es más cuando empezamos a crear una rutina de ejercicio. No obstante hay maneras sencillas para perder peso y ser más llevadero esta rutina.

Ejercicios para perder peso

Correr y trotar es una buena alternativa no obstante el ciclismo y la cinta también lo son, estas son excelentes formas para bajar de peso para la mayoría de las personas. Hacer aeróbicos con videos para tal también es una buena forma para lograr quemar grasa. Continue reading “Haga Ejercicios y Perderá Peso” »

Edulcorantes y diabetes

El dulce es un sabor que resulta agradable para las personas en todas las edades. Las sustancias que nos facilitan esta sensación son los edulcorantes. Estos pueden ser de dos tipos, naturales o artificiales, los primeros van a aportar energía a la dieta y los segundos no.
Los edulcorantes naturales incluyen al azúcar en general, azúcar refinada, glucosa, almíbar, miel, etc. (sacarosa y fructosa) y los polialcoholes (sorbitol, manitol, xilitol…).
La sacarosa y fructosa son edulcorantes que aparecen en los alimentos de forma natural, y proporcionan aspectos sensoriales (aroma y sabor), físicos (viscosidad y cristalización), microbiológicos (conservación y fermentación) y químicos (caramelización y antioxidación).
Las recomendaciones dietéticas aconsejan la disminución en nuestra dieta de energía proveniente de grasas y azúcares. Los dulces nos aportan una energía innecesaria y carente de nutrientes (“calorías vacías”), por lo que aunque en personas sanas pueden consumirse, debe hacerse con moderación.
Los polialcoholes, sorbitol, manitol y xilitol, aunque se encuentran de forma natural en la naturaleza, son sintetizados en su uso comercial. Las ventajas de su utilización en el lugar de los azúcares generales es que tienen una menor respuesta glucémica y que disminuyen el riesgo de caries dental. Estas sustancias no son absorbidas totalmente por el intestino por lo que si se consume en exceso tienen un efecto laxante.
Los edulcorantes artificiales, son una alternativa para conseguir un gran sabor dulce consumiendo muy pocas o ninguna caloría y no aumentando la glucemia, debido a que el organismo no es capaz de metabolizarlos.
Estos edulcorantes son muy utilizados en el tratamiento dietético del sobrepeso, de la diabetes y en la prevención de la caries dental.
Estas sustancias son utilizadas por la industria alimentaria debido a sus características sensoriales y de compatibilidad con los otros componentes de los productos alimenticios.
Los edulcorantes artificiales permitidos para su uso como aditivos alimentarios son: la sacarina, el aspartame, el acesulfame-K y sacralosa.
La sacarina es la más antigua, su poder edulcorante es de 200 a 700 veces mayor que el del azúcar. No aporta energía y no favorece la aparición de caries. Es utilizada es más de 100 países.
La FDA (Food and Drug Administration) estima que la ingesta diaria máxima es de 50 mg al día por persona.
En los últimos años se la ha relacionado con cierto poder carcinogénico, pero estudios realizados en personas con un alto consumo de sacarina (diabéticos) no han demostrado una asociación entre esta sustancia y un mayor riesgo de cáncer.
El aspartame tiene entre 160 a 220 veces más dulce que el azúcar. Es utilizado en productos como chicles, bebidas hidrocarbonadas, cereales, gelatinas…). Se usa en más de 100 países. Esta sustancia no puede ser consumida por personas con fenilcetonuria. Otras personas padecen reacciones alérgicas a este aditivo, presentando edemas en labios, lengua y garganta.
El acesulfame-k o aceslfame-potasio, tiene un poder edulcorante de 200 y es resistente a temperaturas de cocción y cocinado.
La sacralosa es una sustancia con un poder edulcorante 600 veces mayor que el del azúcar, es resistente al calor en cocinado y cocción. Es utilizado en postres, confituras, bebidas…
Existen otros edulcorantes no aprobados para su utilización alimentaria y en estudio como el ciclamato y el alitame.
En la actualidad siguen estudiándose diversas sustancias que puedan constituir edulcorantes innovadores, como es el caso del sirope extraído del fruto de un cactus.
Edulcorantes y diabetes
Diversos estudios han mostrado que el consumo de edulcorantes naturales no produce un gran aumento de la glucemia (nivel de glucosa en sangre), como se pensaba en un principio. Un consumo de 60 g de fructosa y sacarosa al día no tiene porqué dar problemas en una persona con diabetes tipo II.
El tratamiento se centra más bien en conseguir una dieta variada, equilibrada y adaptada al paciente. Los edulcorantes artificiales serán de gran ayuda por no aportar energía a esta dieta ni azúcares simples y por tanto no aumentar los niveles sanguíneos de glucosa.