Edulcorantes y diabetes

El dulce es un sabor que resulta agradable para las personas en todas las edades. Las sustancias que nos facilitan esta sensación son los edulcorantes. Estos pueden ser de dos tipos, naturales o artificiales, los primeros van a aportar energía a la dieta y los segundos no.
Los edulcorantes naturales incluyen al azúcar en general, azúcar refinada, glucosa, almíbar, miel, etc. (sacarosa y fructosa) y los polialcoholes (sorbitol, manitol, xilitol…).
La sacarosa y fructosa son edulcorantes que aparecen en los alimentos de forma natural, y proporcionan aspectos sensoriales (aroma y sabor), físicos (viscosidad y cristalización), microbiológicos (conservación y fermentación) y químicos (caramelización y antioxidación).
Las recomendaciones dietéticas aconsejan la disminución en nuestra dieta de energía proveniente de grasas y azúcares. Los dulces nos aportan una energía innecesaria y carente de nutrientes (“calorías vacías”), por lo que aunque en personas sanas pueden consumirse, debe hacerse con moderación.
Los polialcoholes, sorbitol, manitol y xilitol, aunque se encuentran de forma natural en la naturaleza, son sintetizados en su uso comercial. Las ventajas de su utilización en el lugar de los azúcares generales es que tienen una menor respuesta glucémica y que disminuyen el riesgo de caries dental. Estas sustancias no son absorbidas totalmente por el intestino por lo que si se consume en exceso tienen un efecto laxante.
Los edulcorantes artificiales, son una alternativa para conseguir un gran sabor dulce consumiendo muy pocas o ninguna caloría y no aumentando la glucemia, debido a que el organismo no es capaz de metabolizarlos.
Estos edulcorantes son muy utilizados en el tratamiento dietético del sobrepeso, de la diabetes y en la prevención de la caries dental.
Estas sustancias son utilizadas por la industria alimentaria debido a sus características sensoriales y de compatibilidad con los otros componentes de los productos alimenticios.
Los edulcorantes artificiales permitidos para su uso como aditivos alimentarios son: la sacarina, el aspartame, el acesulfame-K y sacralosa.
La sacarina es la más antigua, su poder edulcorante es de 200 a 700 veces mayor que el del azúcar. No aporta energía y no favorece la aparición de caries. Es utilizada es más de 100 países.
La FDA (Food and Drug Administration) estima que la ingesta diaria máxima es de 50 mg al día por persona.
En los últimos años se la ha relacionado con cierto poder carcinogénico, pero estudios realizados en personas con un alto consumo de sacarina (diabéticos) no han demostrado una asociación entre esta sustancia y un mayor riesgo de cáncer.
El aspartame tiene entre 160 a 220 veces más dulce que el azúcar. Es utilizado en productos como chicles, bebidas hidrocarbonadas, cereales, gelatinas…). Se usa en más de 100 países. Esta sustancia no puede ser consumida por personas con fenilcetonuria. Otras personas padecen reacciones alérgicas a este aditivo, presentando edemas en labios, lengua y garganta.
El acesulfame-k o aceslfame-potasio, tiene un poder edulcorante de 200 y es resistente a temperaturas de cocción y cocinado.
La sacralosa es una sustancia con un poder edulcorante 600 veces mayor que el del azúcar, es resistente al calor en cocinado y cocción. Es utilizado en postres, confituras, bebidas…
Existen otros edulcorantes no aprobados para su utilización alimentaria y en estudio como el ciclamato y el alitame.
En la actualidad siguen estudiándose diversas sustancias que puedan constituir edulcorantes innovadores, como es el caso del sirope extraído del fruto de un cactus.
Edulcorantes y diabetes
Diversos estudios han mostrado que el consumo de edulcorantes naturales no produce un gran aumento de la glucemia (nivel de glucosa en sangre), como se pensaba en un principio. Un consumo de 60 g de fructosa y sacarosa al día no tiene porqué dar problemas en una persona con diabetes tipo II.
El tratamiento se centra más bien en conseguir una dieta variada, equilibrada y adaptada al paciente. Los edulcorantes artificiales serán de gran ayuda por no aportar energía a esta dieta ni azúcares simples y por tanto no aumentar los niveles sanguíneos de glucosa.