Impétigo y como Tratarlo

problemas de la pielEl impétigo es especialmente molesto en el verano, sobre todo en climas cálidos y húmedos.

Se le reconoce porque comienza con pequeñas manchas rojas, las cuales se convierten en diminutas vesículas que, con el tiempo, revientan y producen finalmente una costra exudativa, viscosa, color de miel.

Estas lesiones suelen propagarse rápidamente al rascarse. Otra característica del impétigo es su capacidad de contagio; cualquier niño lo transmite muy fácilmente a sus hermanos y compañeros de juegos.

El impétigo es una infección cutánea por estreptococos, aunque también pueden participar en él otras bacterias. Si se extiende, el impétigo puede ser un problema muy molesto.

Generalmente se acompaña de intensa comezón. Cuando cicatrizan las úlceras, la piel puede perder algo de su pigmentación, pero esto generalmente se normaliza, por lo que no debe ser motivo de preocupación.

Existe la posibilidad de que el impétigo se complique con una afección renal poco frecuente, denominada glomerulonefritis, y a veces es epidémica. La glomerulonefritis colora la orina como si fuera un refresco de cola y a menudo se acompaña de dolor de cabeza y elevada presión arterial.

Aunque esta afección renal tiene un nombre aterrador, es de corta duración y se cura completamente en la mayoría de los niños.

Por desgracia, los antibióticos no pueden prevenir la glomerulonefritis, aunque sí son capaces de curar el impétigo y de impedir su propagación a otros niños, protegiéndolos tanto de la afección cutánea como de la enfermedad renal.

Aunque hay cierta polémica al respecto, muchos médicos opinan que si sólo aparecen una o 2 lesiones y éstas no avanzan, el impétigo responde al tratamiento casero. La excepción a esta regla es cuando coincide con una epidemia local de glomerulonefritis.

Tratamiento casero

Para eliminarlas, se remojan las costras en agua tibia o en una solución de Burrow (Domeboro, Bluboro). Los antibióticos en forma de pomada no son más efectivos que el aseo. Una vez que se han remojado y desprendido las costras, se procede a lavar las lesiones con agua y jabón. Si éstas no presentan una rápida mejoría o si parecen extenderse, el niño debe ser atendido cuanto antes por un médico.