Todo Sobre laparoscopia Ginecológica

Como todas las invenciones humanas, laparoscopía nació de la perseverancia y acuciosidad científicas. Se gestó a partir de la endoscopía, es decir, la técnica de introducir un aparato para iluminar una cavidad interior del cuerpo humano.
Aparentemente, fue Bozzini quien inició el camino a finales del siglo XVIII, cuando introdujo un cilindro hueco para examinar el recto y el cuello del útero, siendo su fuente de luz sólo una vela. El problema de la iluminación siguió sin solución hasta que, a principios de este siglo, Rosenheim adaptó una pequeña lámpara eléctrica a su endoscopio.
Pero hay un detalle: mientras endoscopía es el nombre genérico de esta técnica exploratoria, la laparoscopía sólo se refiere al área del organismo en que se opera (en este caso, el abdomen). Por ello, su aparición en el mundo de la medicina fue posterior.

Cirugía y diagnóstico
En sus albores, la laparoscopía era sólo una vía de diagnóstico. Su utilidad, por lo tanto, no estaba relacionada con la cirugía. Cualquier médico sólo podía visualizar el organismo en vivo y en directo, sin intervenir en la curación de alguna enfermedad. Un paso adelante ocurrió en la década del sesenta, cuando comenzó a desarrollarse en Alemania la cirugía laparoscópica gracias a los trabajos de Karl Semm, considerada en la actualidad como el padre de la cirugía laparoscópica moderna (al menos en el campo de la ginecología). Este científico inventó novedosos aparatos como el insuflador de gas automático (que permite levantar el abdomen), el irrigador con alto flujo, el termocauterio (para coagular) y muchas de las pinzas y tijeras que hasta hoy se utilizan.
Mínima incisión
En los países latinoamericanos esta formidable técnica médica ha encontrado un terreno fértil en la ginecología. Su empleo se ha convertido en la mejor garantía de éxito en casi todas las operaciones de esta especialidad.
La laparoscopía es una técnica quirúrgica que permite ingresar al organismo con la ayuda de una microcámara y desarrollar intervenciones a través de tres orificios (que ahora, gracias a los nuevos instrumentos, pueden ser de sólo 2 milímetros), ubicados estratégicamente en la región del abdomen.
En la ginecología esta técnica facilita la atención de enfermedades que antes precisaba de complicados tratamientos y que ahora se simplifican al mínimo como es el caso del dolor pélvico; la endometriosis (que son tejidos que se implantan fuera del útero); las adherencias pélvicas; la eliminación de quistes al ovario, que generan alteraciones del ciclo menstrual; o en el tratamiento de la infertilidad.
No fue hasta 1986 cuando el gran cambio se produjo con la invención de las microcámaras, las cuales al adaptarse al laparoscopio permitieron que todos los presentes en la cirugía tuvieran igual acceso a la imagen que era mostrada en un monitor. Esto hizo que el cirujano pudiera contar con la ayuda de asistentes y tentara a hacer cirugías más complicadas. A partir de allí el desarrollo de la cirugía laparoscópica fue todo un “boom”, como la revolución de las computadoras.

Microinstrumentos
Otro sustancial avance en el ámbito dela ginecología, en los últimos años, ha sido la paulatina disminución del tamaño del instrumental exploratorio. Hoy se tiene que el grosor de los trócares (tubos para que los instrumentos médicos se introduzcan en la cavidad abdominal a través de una punción en la piel) equivalen a la quinta parte de los antiguos. Hoy existen tijeras, pinzas y cauterios que tienen sólo 2 milímetros de ancho, por lo cual se pueden introducir a través de los trócares que ahora parecen agujas. Estos instrumentos tienen como 40 centímetros de largo. La relación entre el largo y el ancho es como si tuviéramos una tijera de 3 centímetros de ancho con un mango de 6 metros para manejarla. Este material se está usando para determinadas operaciones como ligadura de trompas o liberación de adherencias. Gracias a ello las mujeres operadas con esta técnica pueden irse a su casa el mismo día luego de descansar unas horas.
Lo que se ha hecho es reducir el diámetro de los trócares y de los instrumentos, porque la finalidad es que la cirugía sea cada vez menos invasiva. Si en un principio la cirugía convencional implicaba hacer incisiones de 15 centímetros, luego con la laparoscopía éstas primero fueron de 1 centímetro y ahora son de tan sólo 2 milímetros, indican los especialistas.

Ultrasonido
Según los especialistas, con los trócares antiguos uno de los riesgos postoperatorios más comunes era la aparición de hernias. Por lo tanto, había que suturar y tener mucho cuidado a la hora de operar. Ahora el nuevo instrumental disminuye éste y otros factores de riesgo presentes en toda operación.
Ahora estamos trabajando con ultrasonido y ya no con electricidad o láser como se hacía antes. En el caso de la electricidad su uso implicaba ciertos riesgos para la paciente, ya que esta energía algunas veces quemaba zonas a las cuales no queríamos afectar. Con este método ya no hay problema de daño a distancia, porque se corta y coagula con una precisión extraordinaria.
Esta nueva herramienta médica consiste en un equipo de corte y coagulación por ultrasonido que ha venido a reemplazar al láser de manera mucho más eficaz. Si bien el láser fue un gran avance técnico en busca de mejorar este tipo de cirugía, ahora el ultrasonido lo supera, sobre todo en seguridad para la paciente.
Gracias a esta nueva técnica las operaciones ya no implican la quemadura de los tejidos, sino que ahora responden a un efecto llamado cavitacional, similar al efecto de separación que realiza un barco cuando surca los mares. En ambos casos es el ultrasonido el que genera este efecto que, más que cortar, divide por presión. En el organismo este efecto consigue que los médicos puedan evaporar líquidos internos, desprendiendo tejidos sin dañar zonas periféricas.
Mediante esta técnica los médicos pueden hacer las mismas
op
eraciones que en la cirugía convencional, con el beneficio adicional de reducir al mínimo las incisiones y lograr, a su vez, que las mujeres sometidas a cualquier tipo de cirugía ginecológica gocen, en consecuencia, de una rápida recuperación postoperatoria.