Morenas de fuego, precauciones para tomar el sol con seguridad.

Tomar el sol es un placer y una necesidad para el organismo, que gana en salud y belleza. Lo importante es tomar algunas precauciones, bajo el concepto de que si nos cuidamos en el presente, podremos disfrutar plenamente el futuro. Sigue nuestros consejos para que te deleites con el sol sin ningún riesgo, y logres ¡un súper bronceado!

Ya organizaste tus próximas vacaciones a la playa y esperas con ansias el momento de echarte bajo el sol y divertirte con tus amigos. Seguramente tienes todos los detalles calculados: bikinis, pareos, sandalias, accesorios, lentes de sol, música, labiales, maquillaje, pero ¿estás segura de no haber olvidado algo? ¿Ya empacas-te el bronceador y el protector solar? Si ya lo hiciste, ¡te felicito! Pero si no, recuerda que éstos tienen que ser los protagonistas de tu bolso de playa o maletín de cosméticos, ya que son indispensables para garantizar tu protección y diversión. Pues si bien todos hemos escuchado muchas veces aquello de que “el sol es salud”, por ser fuente de vitaminas y un agente antiestrés que aporta vitalidad y buen aspecto, también es verdad que causa quemaduras, deshidratación, arrugas, alergias e, incluso, cáncer cutáneo al provocar un deterioro molecular o una síntesis anómala del ADN. Por ejemplo, los rayos UV producen radicales libres que promueven la oxidación de las estructuras de la piel y disminuyen la producción de colágeno y elastina, que son los encargados de la tersura y elasticidad de tu piel. Entre tanto, los Dermatólogos insisten en aconsejar que usar factores de protección solar (FPS) que correspondan a nuestro fototipo cutáneo tiene que formar parte de la rutina diaria, pues la piel posee memoria y una agresión ocurrida durante la infancia, en la juventud o en cualquier etapa de la vida, puede aflorar en cualquier momento. Asimismo, recomiendan emplear cremas, emulsiones, maquillajes y champúes que contengan filtros solares; especialmente los que tienen antioxidantes como la vitamina E. También sugieren valerse de protectores más fuertes –FPS 100 + protección UV– para prevenir manchas, el envejecimiento prematuro y quemaduras o melanomas (cáncer de piel), debido a que cada día los rayos solares son más directos, fuertes y dañinos. Lo cierto es que, a pesar de todos los factores negativos relacionados con la exposición solar, son muchas las motivaciones positivas que impulsan a millones de personas a buscar los sitios y las oportunidades que les proporcionen un acercamiento íntimo y directo con el “astro rey”, como uno de los mayores placeres de la vida. Y definitivamente, no tenemos por qué negarnos el gozo ni el encanto de estar en contacto con la naturaleza, siempre y cuando nos tomemos un tiempito para resguardar la salud de nuestra piel.

Como elegir el filtro Solar adecuado
Hemos visto cómo han salido al mercado infinidad de productos especiales para preservar la piel de las amenazas del sol; prácticamente uno para cada tipo de persona. Vemos en los estantes lociones para ir a la playa o para hacer deportes, dentro del agua y fuera de ésta; para el rostro, labios, manos y para todo el cuerpo; con funciones adicionales -autobronceadores, repelentes de insectos, hipoalergénicos, hidratantes, para pieles secas o grasas, con maquillaje, etc-. A ello hay que añadir que vienen de diversos tipos, como leches, cremas, bálsamos, sprays, geles, espumas, aceites, lociones y polvos compactos, así como con numerosos factores de protección, que van desde 0 hasta 100, y más allá.

En este sentido, la carrera de los laboratorios por mejorar sus productos y aumentar sus índices pareciera no tener fin, afortunadamente para nosotros. No obstante, la cuestión es más complicada de lo que aparenta, debido a que aunque la mayoría piense que va por buen camino al emplear cremas que le res-guardan de las radiaciones, confiando en las promesas de envases que ofrecen: “Protección de amplio espectro”, “waterproof o a prueba de agua”, “water resistant o resistente al agua”, “pantalla total” y un largo etcétera de virtudes tan reales como incomprensibles, el problema es que resultan tan complejas que inducen a la confusión y uso incorrecto.

De hecho, si creías que repitiendo mil veces la aplicación de una gran cantidad podías seguir al sol una vez superado el tiempo máximo de seguridad que te sugiere el factor o índice de protección, te cuento que el contador nunca regresa a cero y que todos los filtros tienen un límite imposible de prolongar. La fuente de este equívoco tal vez resida en el mensaje que recomienda “repetir periódicamente la aplicación del producto”, cuando la intención del mismo es evitar que éste desaparezca con el sudor, los baños o el roce. Como sea que quieran llamarlo: factor de protección solar (FPS), índice de protección solar (IPS) o solar protection factor (SPF, por sus siglas en inglés), es una medida que indica cuánto tiempo se incrementa la protección natural contra la quemadura solar.

Por ejemplo, una persona de tez clara tardaría diez minutos en enrojecer; pero usando un FPS 15, puede permanecer 15 veces más bajo el sol antes de que ocurra una lesión, lo que es igual a 150 minutos. Otros de sus peligros es que al usar-los las personas se confían de los números altos y abusan del sol, razón por la que algunos países han optado por establecer límites en la numeración de los filtros con el fin de evitar confusiones. La FDA, Oficina de Salud e Higiene Pública de EE.UU., ha fijado el corte en 30, etiquetando los que están por encima como 30+. Mientras que en Europa, se discute si establecer el máximo en 50, e insisten en añadir junto al FPS un mensaje que permita evaluar la seguridad que implica la cifra: “Baja (de 4 a 7, los números inferiores no se consideran fotoprotectores). Media (de 8 a 14). Alta (de 15 a 24) y ultra alta (25+)”.
Otra de las complicaciones es que los productos tampoco se administran correctamente. En primer lugar, porque los envases no especifican las cantidades precisas, limitándose a recomendar una administración ¿generosa? De hecho, la mayoría se embadurna con cantidades cuyo nivel de protección está entre un 20 y un 50 por ciento por debajo de la esperada. De ahí que una crema con FPS20 mal aplicada ofrece menos cobertura que otra de factor 10 bien repartida. Según pruebas realizadas por los fabricantes, la dosis óptima para distribuir en el cuerpo es de dos miligramos por cada centímetro cuadrado. Pero es casi imposible establecer este cálculo en condiciones reales, y en la práctica se cree que las personas no suelen administrarse más de un tercio de esta cifra.